''Bailando Con El Diablo'' cap 2 parte 2
Afortunadamente arrancó en el primer intento. ¡Aleluya! Tal vez su suerte estaba cambiando después de todo. Nadie lo había tostado mientras dormía y realmente tenía suficiente combustible para llegar a Fairbanks donde podía obtener alguna comida caliente y deshelarse por unos minutos.
Agradecido por los pequeños favores, se dirigió a través de su tierra, dobló al sur para el largo, accidentado viaje que lo llevaría a la civilización.
No le importaba. Estaba malditamente agradecido que ahora hubiera una civilización a dónde dirigirse.
Nick llegó a la ciudad poco después de las seis.
Estacionó su vehículo en la casa de Sharon Parker, que estaba a una corta distancia del centro del pueblo. Había conocido a la ex-camarera diez años atrás cuando la había encontrado en el interior de su coche averiado, tarde en la noche, a un costado de una calle secundaria que raramente era usada en el Polo Norte.
Había estado próximo a sesenta grados bajo cero y ella había estado llorando, acurrucada bajo mantas, asustada de que ella y su bebé murieran antes de que le llegara algún tipo de ayuda. Su hija de siete meses estaba enferma de asma y Sharon había estado tratando de llevarla al hospital para tratarla, pero habían rechazado su ingreso ya que ella no tenía seguro social ni dinero para pagar.
Le habían dado indicaciones de cómo llegar a una clínica de caridad y se había perdido mientras trataba de encontrarla.
Nick los había llevado de regreso al hospital y había pagado por el cuidado del bebé. Mientras esperaban, había averiguado que Sharon había sido desalojada de su departamento y que no podía cubrir los gastos con lo que ella ganaba.
Así es que le había ofrecido a Sharon un negocio. A cambio de una casa, el coche, y el dinero, ella le proveía de alguien amigable para hablar cuando fuera que él viniera a Fairbanks, y una pocas comidas caseras o sobras cocinadas, lo que fuere que ella tuviera en ese momento.
Lo mejor de todo, era que en el verano cuando él estaba completamente encerrado dentro de su cabaña durante las veintitrés horas y medias de luz del día, ella pasaba por la oficina de correos o la tienda y le traía libros y suministros y los dejaba fuera de su puerta.
Había sido el mejor trato que alguna vez había hecho.
Ella nunca le había preguntado nada personal, ni aún cuando él no dejaba su cabaña en los meses de verano. Sin duda estaba demasiado agradecida de tener su apoyo financiero para preocuparse por sus actitudes excéntricas.
A cambio, Nick nunca había tomado su sangre o le había preguntado a ella algo personal. Eran simplemente empleador y empleada.
-¿Nick?
Él levantó la vista del bloque caliente que estaba enchufando en su vehículo de nieve, para verla sacar la cabeza por la puerta principal de su casa estilo rancho. Su pelo castaño oscuro estaba más corto que un mes atrás cuando él la había visto por última vez, ahora tenía un corte desmechado que se mecía sobre sus hombros.
Alta, delgada, y sumamente atractiva, estaba vestida con un suéter negro y jeans. Cualquier otro tipo a estas fechas, probablemente ya habría hecho una movida con ella, y una noche, cuatro años atrás, ella había insinuado que si alguna vez quisiese algo más íntimo, ella gustosamente se lo daría, pero Nick se había rehusado.
A él no le gustaba que las personas se acercaran demasiado, y las mujeres tenían una horrorosa tendencia de mirar al sexo como algo muy significativo.
Él no. El sexo era sexo. Era básico y animal. Algo que el cuerpo necesitaba como necesitaba comida. Pero un tipo no tenía que ofrecer una cita a un bistec antes de comerlo.
¿Entonces por qué las mujeres necesitaban un testamento de afecto antes de abrir sus piernas?
Él no lo entendía.
Y nunca se involucraría con Sharon. El sexo con ella sería una complicación que no necesitaba.
-¿Nick, eres tú?
Bajó la bufanda de su cara y respondió a gritos. -Sí, soy yo.
-¿Entras?
-Regresaré en un momento. Tengo que ir a comprar unas pocas cosas.
Ella asintió con la cabeza, luego regresó adentro y cerró la puerta.
Nick caminó calle abajo hacia la tienda. El almacén general de Frank tenía de todo. Lo mejor es que tenía una gran variedad de artículos electrónicos y generadores. Desafortunadamente, no podría usar la tienda por mucho tiempo. Él había sido un cliente regular por acerca de quince años, y aunque Frank era un poco torpe, había empezado a notar el hecho que Nick no había envejecido en todo este tiempo.
Tarde o temprano, Sharon lo notaría también y tendría que dejar su único contacto con el mundo mortal.
Ese era el gran inconveniente de la inmortalidad. Él no se atrevía a rondar por ahí mucho tiempo más o se enterarían quién y qué era él. Y a diferencia de otros Cazadores Oscuros, cada vez que había pedido a un Escudero que le sirviese y protegiese su identidad, el Concejo se lo había negado.
Parecía que su reputación era tal que nadie quería la obligación de ayudarlo.
Bien. Nunca había necesitado a nadie, de cualquier manera.
Nick entró en la tienda y se tomó un minuto para sacarse los lentes y guantes y desabotonarse el abrigo. Escuchó a Frank conversando con uno de sus empleados en la parte de atrás.
-Ahora presta atención, chico. Es un hombre extraño, pero mejor sé amable con él, ¿me escuchas? Gasta una tonelada de dinero en esta tienda y a mí no me importa qué tan espeluznante se ve, tu sé simpático.
Lo dos salieron de atrás. Frank se paró en seco para clavar los ojos en él.
Nick le devolvió la mirada. Frank estaba acostumbrado a verle con una barba de chivo o con barba, su pendiente de espadas cruzadas, y la garra de plata que llevaba puesta en su mano izquierda. Tres cosas que Acheron le había ordenado abandonar en Nueva Orleáns.
Sabia cómo se veía sin barba y lo odiaba. Pero al menos no tenía que mirarse en un espejo. Los Dark-Hunters sólo podían reflejarse cuando querían.
Nick nunca había querido.
El hombre mayor sonrió con una sonrisa que era más costumbre que amistosa y caminó hacia él. Si bien la gente de Fairbanks era en extremo amigable, la mayoría de ellos todavía tendían a dejar un espacio alrededor de Nick.
Tenía ese efecto en las personas.
-¿Qué puedo ofrecerte hoy? -preguntó Frank.
Nick recorrió con la mirada al adolescente, quien lo miraba curiosamente.
-Necesito un generador nuevo.
Frank respiró entre dientes y Nick esperó lo que sabía vendría. -Podría haber un problema.
Frank siempre decía eso. No importaba lo que Nick necesitara, iba a ser un problema obtenerlo, por lo tanto tendría que pagar más dólares por él.
Frank se rascó los bigotes grises de su cara barbuda. -Sólo tengo uno y se supone que debe ser entregado a los Wallabys mañana.
Síp, correcto.
Nick estaba demasiado cansado para jugar al regateo con Frank esta noche. En este punto, estaba dispuesto a pagar cualquier cosa por recuperar la electricidad dentro de su casa. -Si me dejas tenerlo, hay seis grandes extras para ti.
Frank frunció el ceño y continuó rascando su barba. -Ahora bien, hay otro problema. Los Wallabys lo estarán esperando ansiosamente.
-Diez grandes, Frank, y otros dos si lo puedes llevar a casa de Sharon dentro de una hora.
Frank resplandeció. -Tony, ya escuchaste al hombre, carga su generador en este momento -. Los ojos del viejo eran claros y casi amigables. -¿Necesitas alguna otra cosa?
Nick negó con la cabeza y salió.
Se abrió paso hacia lo de Sharon e hizo lo mejor que pudo por ignorar los latigazos del viento.
Golpeó la puerta antes de empujarla con el hombro para abrirla y entrar. Por raro que pareciera, la sala de estar estaba vacía. A esta vez hora de la noche, la hija de Sharon, Trixie usualmente corría de un lado a otro, jugando y gritando como un demonio o haciendo una tarea bajo extrema protesta. Ni siquiera la oía en la parte de atrás.
Por un segundo, pensó que tal vez los Escuderos lo habían encontrado, pero eso era ridículo. Nadie sabía de Sharon. Nick no se llevaba exactamente bien con el Concejo de Escuderos u otros Cazadores Oscuros.
-¿Oye, Sharon? -llamó. -¿Esta todo bien?
Ella caminó lentamente desde la cocina. -Regresaste.
Un mal presentimiento le sobrevino. Algo no estaba bien. Lo podía sentir. Ella parecía nerviosa.
-Sí. ¿Sucede algo? ¿No interrumpí una cita o algo, no?
Y luego lo oyó. Era el sonido de un hombre respirando, de pisadas fuertes dejando la cocina.
El hombre vino andando por el vestíbulo, con una forma lenta y metódica de caminar, como un depredador tomándose su tiempo para situar el paisaje mientras pacientemente observaba a su presa.
Nick frunció el ceño ante el hombre que se detenía en el vestíbulo detrás de Sharon. Parado era sólo tres centímetros más bajo que Nick, tenía el pelo oscuro largo, atado en una cola de caballo y traía puesto un pañuelo al estilo de las novelas del Oeste. Había un aura mortal alrededor del hombre y tan pronto como sus ojos se cruzaron, Nick supo que había sido traicionado.
Éste era otro Cazador Oscuro.
Y solo había uno de los miles de Cazadores Oscuros que sabían de Sharon y él...
Nick maldijo su estupidez.
El Cazador Oscuro inclinó su cabeza hacia él. -Z -pronunció arrastrando las palabras pesadamente en un acento sureño que Nick conocía demasiado bien. -Tú y yo tenemos que hablar.
Nick no podía respirar mientras clavaba los ojos en Sharon y Sundown a la vez. Sundown era la única persona en quien él alguna vez se había confiado en sus dos mil años de vida.
Y sabía por qué Sundown estaba aquí.
Sólo Sundown conocía a Nick. Conocía los lugares que frecuentaba y sus hábitos.
¿Quién mejor para seguirle la pista y matarle que su mejor amigo?
-¿Hablar sobre qué? -preguntó bruscamente, entrecerrando los ojos.
Sundown se movió delante de Sharon como para protegerla. Que él pensase por un instante, que Nick la amenazaría, le dolió más que nada.
-Pienso que sabes por qué estoy aquí, Z.
Sí, lo sabía bien. Sabía exactamente lo que Sundown quería de él. Una muerte agradable, rápida a fin de que Sundown pudiera reportar a Artemisa y Acheron que todo estaba bien otra vez en el mundo, y luego el vaquero regresaría a su casa en Reno.
Pero Nick había ido dócilmente, una vez, a su ejecución. Esta vez, tenía la intención de luchar por su vida, como fuese.
-Olvídalo, Jess -dijo él, usando el nombre real de Sundown.
Se dio vuelta y corrió hacia la puerta.
Nick logró regresar al jardín antes de que Sundown lo atrapara y jalara para detenerlo. Él dejó al descubierto sus colmillos, pero Jess no pareció notarlo.
Nick le dio un duro puñetazo en el estómago. Fue un golpe poderoso que hizo que Jess se tambaleara hacia atrás y puso de rodillas a Nick. Siempre que un Cazador Oscuro atacaba a otro, el Cazador Oscuro que atacaba sentía el golpe diez veces peor que el que lo recibía. Había una única forma de evitar esto, que Artemisa levantara su prohibición. Solo esperaba que no se la hubiera levantado a Jess.
Nick luchó por respirar ante el dolor y se forzó a sí mismo a pararse. A diferencia de Jess, el dolor físico era algo a lo que estaba habituado.
Pero antes de poder alejarse vio a Mike y a otros tres Escuderos en las sombras. Caminaban hacia ellos con pasos determinados que decían que estaban armados para el Cazador Oscuro.
-Déjenmelo a mí -ordenó Sundown.
Lo ignoraron y siguieron avanzando.
Dándose vuelta, Nick se dirigió hacia su vehículo de nieve sólo para encontrar el motor hecho pedazos. Obviamente habían estado ocupados mientras estaba en lo de Frank.
Maldita sea. ¿Cómo pudo ser tan estúpido?
Ellos debían haber destruido sus generadores para obligarlo a ir al pueblo. Le habían hecho salir del bosque como cazadores con un animal salvaje.
Bien. Si querían cazar a un animal, entonces él lo sería.
Estiró su brazo con la mano abierta y usó su telequinesia para derribar a los Escuderos.
Sin querer lastimarse otra vez, Nick esquivo a Jess y corrió hacia el pueblo.
No alcanzó a llegar muy lejos cuando más Escuderos aparecieron y abrieron fuego sobre él.
Las balas atravesaron su cuerpo, haciendo tiras su piel. Nick siseó y se tambaleó ante el dolor.
Aún así, continuó corriendo.
No tenía alternativa.
Si se quedaba quieto, entonces lo desmembrarían, y aunque su vida apestaba en serio, no tenía intención de convertirse en una Sombra. Ni les daría la satisfacción de haberlo matado.
Nick rodeó el costado de un edificio.
Algo duro lo golpeó en su centro.
La agonía explotó a través de él mientras era lanzado patas arriba sobre la tierra. Terminó de espalda en la nieve sin poder respirar.
Una sombra con ojos fríos, despiadados se movía y lo vigilaba.
De por lo menos dos metros diez centímetros, el hombre era dueño de una perfección masculina sobrenatural. Tenía pálidos cabellos rubios y ojos oscuros, y cuando sonrió, reveló el mismo par de colmillos de Nick.
-¿Qué eres? -preguntó Nick, sabiendo que el desconocido no era un Daimon o un Apolita, si bien se parecía a uno.
-Soy Thanatos, Cazador Oscuro -dijo en griego clásico, usando el nombre que significaba "muerte" -y estoy aquí para matarte.
Agarró a Nick de su abrigo y lo tiró contra un edificio lejano como si no fuera nada más que una muñeca de trapo.
Nick golpeó la dura pared y se deslizó hacia la calle. Su cuerpo estaba tan lastimado que sus extremidades se estremecieron mientras trataba de gatear lejos de la bestia.
Nick se detuvo. -No moriré de esta forma otra vez -gruñó. No sobre su estómago como un animal asustado esperando su muerte.
Como un esclavo sin valor siendo golpeado.
Con su cuerpo fortificado por la furia, se forzó a sí mismo a ponerse de pie y se dio media vuelta para enfrentar a Thanatos.
La criatura sonrió. -La columna vertebral. Cómo me gusta. Pero no tanto como me gusta chupar la médula de ella.
Nick atrapó su brazo mientras lo trataba de alcanzar.
-¿Sabes lo que amo? -Nick rompió el brazo de la criatura y lo agarró del cuello. -El sonido de un Daimon exhalando su último aliento.
Thanatos se rió. El sonido era diabólico y frío.
-No puedes matarme, Cazador Oscuro. Soy aún más inmortal que tu.
Nick boqueó mientras el brazo de Thanatos cicatrizaba instantáneamente.
-¿Qué eres? -preguntó Nick otra vez.
-Te lo dije. Soy La Muerte y nadie puede derrotar o escapar de La Muerte.
Oh, mierda. Estaba jodido ahora.
Pero estaba lejos de estar derrotado. La Muerte podía llevarlo, pero el bastardo iba a tener que trabajar para ello.
-Sabes -dijo Nick, cayendo en la calma surrealista que le había permitido, cuando era un niño, sobrevivir a las innumerables palizas. -Apuesto que la mayoría de la gente caga sus pantalones cuando dices esa línea. ¿Pero sabes qué, Señor-quiero-ser-espeluznante-y-estoy-fallando-miserablemente? No soy una persona. Soy un Cazador Oscuro y en el gran esquema de las cosas, no significas ni una mierda para mí.
Él concentró todos sus poderes en su mano, luego dio un golpe poderoso directamente al plexo solar de Thanatos. La criatura voló hacia atrás.
-Ahora puedo sentarme aquí y jugar contigo -. Envió otro golpe asombroso a Thanatos. -Pero más bien prefiero sacarnos a ambos de nuestras miserias.
Antes de que pudiera golpear otra vez, una explosión de escopeta lo golpeó directamente en la espalda. Nick sintió la metralla atravesándolo rasgándole su cuerpo, evitando por poco al corazón.
Las sirenas de la policía sonaron a lo lejos.
Thanatos lo agarró por la garganta y lo levantó hasta que él se vio forzado a estar sobre las puntas del pie. -Mejor aún, ¿por qué no te saco de las tuyas?
Luchando por respirar, Nick sonrió desagradablemente mientras sentía un hilo de sangre correrle por la esquina de los labios. El sabor metálico de eso impregnó su boca. Estaba herido, pero no atemorizado.
Sonriendo sarcástico al Daimon, golpeó al bastardo con la rodilla en sus joyas.
El Daimon se encogió. Nick empezó a correr otra vez, lejos del Daimon, los Escuderos y los policías, sólo que no era tan rápido como solía hacerlo.
El dolor hacía que su vista estuviera borrosa y mientras más corría más se lastimaba.
La agonía de su cuerpo era insoportable.
En ninguna de todas las palizas que había recibido cuando niño lo habían herido tanto. No sabía cómo lograba continuar. Sólo una parte de él se rehusaba a caerse y dejarlos tenerle.
No estaba seguro cuando los perdió, o tal vez estaban justo detrás de él. Nick no podía saberlo debido al zumbido en sus oídos.
Desorientado, desaceleró, tropezando hacia adelante hasta que no pudo ir más lejos.
Cayó en la nieve.
Nick yació allí esperando a los demás para agarrarlo. Esperando a Thanatos para terminar lo que habían empezado, pero como los segundos hicieron tictac, se percató que se debía haber escapado de ellos.
Aliviado, trató de levantarse.
No podía. Su cuerpo no cooperaba más. Lo único que podía hacer era gatear hacia delante, un metro más, donde divisaba una gran casa tipo cabaña frente a él.
Se veía cálida y acogedora y en el fondo de su mente estaba el pensamiento que si podía llegar a la puerta la persona adentro lo podría ayudar.
Se rió amargamente ante el pensamiento.
Nadie nunca lo había ayudado.
Ni siquiera una vez.
No, éste era su destino. No tenía sentido oponerse a él, y en verdad, estaba cansado de luchar solo en el mundo.
Cerrando los ojos, soltó un largo, trabajoso respiro y esperó lo que era inevitable.

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