''Bailando Con el Diablo'' Cap 2 parte 1
Capítulo 2
Nick maldijo mientras las baterías del MP3 se acababan. Su maldita suerte.
Todavía faltaba una hora para aterrizar y lo último que quería era escuchar a Mike en la cabina del piloto del helicóptero, lamentándose y quejándose por lo bajo sobre tener que llevarlo de regreso a Alaska. Si bien treinta centímetros de negro acero sólido separaban el compartimiento sin sol de Nick, del de Mike, él podía oírlo a través de las paredes tan fácilmente como si Mike estuviera sentado a su lado.
Peor, Nick odiaba estar metido en ese pequeño compartimiento que parecía estar cerrándose sobre él. Cada vez que se movía, se golpeaba un brazo o una pierna con la pared. Pero ya que habían estado volando a la luz del día, era o el cubo o la muerte.
Por alguna razón él todavía no estaba realmente seguro de por qué había escogido el cubo.
Se quitó los audífonos y sus oídos fueron asaltados inmediatamente por el rítmico golpeteo de las aspas del helicóptero, ráfagas de vientos invernales y la conversación, llena de estática, de Mike por radio.
-¿Y..., lo has hecho?
Nick arqueó una ceja ante la voz masculina tan ansiosa y poco familiar.
Ah, la belleza de sus poderes. Su audición le daría celos a Superman. Y él sabía cual era el tema de la conversación.
Él.
O más bien su muerte.
A Mike le habían ofrecido una fortuna para matarle, y desde el momento que habían dejado Nueva Orleáns, hacía unas doce horas aproximadamente, Nick había estado esperando que el Escudero de mediana edad abriera las ventanas selladas y lo expusiera a la luz del sol o que arrojara al mar su compartimiento y lo dejara caer sobre algo que garantizara terminar con su inmortalidad.
En lugar de eso, Mike estaba jodiendo con él y aún le faltaba jalar el interruptor. No era que a Nick le importara. Él tenía unos cuantos trucos para enseñar al Escudero, si es que Mike trataba de hacer algo.
-Nah -dijo Mike, mientras el helicóptero se sumergía sin previo aviso bruscamente hacia la izquierda haciendo que Nick se golpeara ruidosamente contra la pared del compartimiento. Comenzaba a sospechar que el piloto lo hacía justamente para joderlo y divertirse.
El helicóptero se inclinó otra vez mientras Nick se preparaba para eso.
-Pensé en eso, realmente lo hice, pero sabes, creo que freír a este bastardo es algo demasiado bueno para él. Preferiría dejarlo en la Ceremonia de Sangre de los Escuderos y dejar que lo sacaran despacio y dolorosamente. Personalmente, me gustaría oír el grito del sicótico hijo de puta pidiendo misericordia, especialmente después de lo que hizo a esos inocentes policías.
Un músculo en la mandíbula de Nick comenzó al latir a ritmo con los latidos rápidos y enojados de su corazón mientras oía. Síp, esos policías habían sido realmente inocentes, claro. Si Nick hubiera sido mortal, entonces la paliza que le habían dado lo habría matado o estaría en coma ahora mismo.
La voz habló por el radio otra vez. -Escuché de los Oráculos que Artemisa pagará el doble al Escudero que lo mate. Si lo agregas a lo que Dionisio iba a pagarte por matarlo y personalmente pienso que eres un tonto si lo dejas pasar.
-Sin duda, pero tengo suficiente dinero para quedarme tranquilo. Además, soy el que tiene que tolerar su actitud de mierda y sus mofas. Él piensa que es un tipo muy rudo. Quiero verlos bajarle los humos antes de que le corten la cabeza.
Nick puso sus ojos en blanco ante las palabras de Mike. Él no daba ni la cola de una rata por lo que el hombre pensaba de él.
Había aprendido hacía mucho tiempo que no tenía caso tratar de llegar a la gente.
Todo lo que lograba era que lo abofetearan.
Metió el reproductor de MP3 en su bolso negro e hizo una mueca ante su rodilla pegada a la pared. Dioses, sáquenme de este lugar apretado y restringido. Se sentía como si estuviera en un sarcófago.
-Estoy asombrado que el Concejo no activara el estado de Liam a Blood Rite[1] para esta cacería -dijo el otro. -Ya que pasó la última semana con Nick, pensé que estaría más que dispuesto para esto.
Mike bufó. -Lo intentaron, pero Gautier se rehusó.
-¿Por qué?
-No tengo idea. Sabes cómo es Gautier. No acepta muy bien las órdenes. Me hace preguntarme por qué siquiera lo iniciaron en la hermandad de los Escuderos, para empezar. No puedo imaginar ningún Cazador Oscuro aparte de Acheron o Kyrian que puedan soportar esa boca.
-Sí, es un maldito sabelotodo. Y hablando de eso, mi Cazador Oscuro está llamándome así que mejor me voy a trabajar. Cuídate de Nick y permanece fuera de su camino.
-No te preocupes. Voy a deshacerme de él y dejarlo para que los demás lo atrapen, luego sacaré mi trasero de Alaska más rápido de lo que puedas decir "Rumpelstiltskin".
El radio se apagó.
Nick se quedó perfectamente quieto en la oscuridad y escuchó a Mike respirando en la cabina del piloto.
Entonces, el idiota había cambiado de idea acerca de matarlo.
Bien, bravo por eso. Al Escudero finalmente le habían crecido las pelotas, y medio cerebro. En algún punto durante las últimas horas Mike había decidido que el suicidio no era la respuesta.
Por eso, Nick lo dejaría vivir.
Pero lo haría angustiarse por el privilegio.
Y que los dioses ayudaran al resto que viniera tras él. En la tierra congelada del interior de Alaska, Nick era invencible. A diferencia de los otros Cazadores Oscuros y Escuderos, él había tenido novecientos años de entrenamiento en supervivencia ártica. Novecientos años de estar solo él y la tierra salvaje que no figuraba en el mapa.
Indefectiblemente, Acheron lo había visitado cada década o poco más o menos sólo para asegurarse que aún estaba vivo, pero nadie más, siquiera una vez, había venido.
Y las personas se preguntaban por qué estaba demente.
Hasta diez años atrás, no había tenido contacto en absoluto con el mundo exterior durante los meses largos del verano que lo obligaban a vivir adentro de su remota cabaña.
Ni teléfono, ni computadora, ni televisión.
Nada más que la tranquila soledad en la que releía la misma pila de libros una y otra vez hasta que los había aprendido de memoria. Esperando con ansiosa anticipación que las noches se hicieran más largas, lo suficiente para permitirle viajar de su cabaña rural a Fairbanks en donde los negocios aún estaban abiertos y él podía interactuar con gente.
Para eso, sólo había pasado un siglo y medio desde que el área se hubiera poblado lo suficiente para que él pudiera tener algún contacto humano.
Antes de eso, por incontables centurias, había vivido solo, sin otro ser humano cerca de él. Ocasionalmente había divisado a nativos que estaban aterrorizados al encontrar un hombre extraño, a un hombre alto, caucásico, con colmillos y viviendo en un bosque remoto. Sólo echaban una mirada a sus más de dos metros de altura y su parka[2] de buey almizclero, y salían corriendo tan pronto como podían en otra dirección, dando gritos que el Iglaaq[3] los iba a atrapar.
Supersticiosos hasta el extremo, habían creado una leyenda basada en él.
Eso dejaba sólo las raras visitas de los Daimons en el invierno, quienes se aventuraban en su bosque a fin de poder decir que habían enfrentado al lunático Cazador Oscuro. Desafortunadamente, habían estado más interesados en pelear que en conversar y así que su relación con ellos siempre había sido breve. Unos pocos minutos de combate para aliviar la monotonía y luego estaba solo otra vez con la nieve y los osos.
Y no eran ni siquiera were-bears[4] .
La carga magnética y eléctrica de la aurora boreal imposibilitaba a los Were Hunter[5] aventurarse tan al norte. También causaba estragos con la electrónica y los enlaces de satelitales, cortando sus comunicaciones periódicamente durante el año, así que aún en este mundo moderno, estaba todavía dolorosamente solo.
Tal vez debería dejarles que lo mataran después de todo.
Y todavía, de alguna manera, siempre se encontraba continuando. Un año más, un verano más.
Uno más de comunicaciones cortadas.
Supervivencia básica era todo lo que Nick siempre había conocido.
Tragó mientras recordaba Nueva Orleáns.
Cómo había amado esa ciudad. La animación. El calor. La mezcla de olores exóticos, vistas, y sonidos. Se preguntaba si la gente que vivía allí se percataba de lo bien que estaban. Qué tan privilegiados eran por estar bendecidos con semejante ciudad.
Pero eso estaba detrás de él ahora. Había cometido un error tan grande que no había forma que ni Artemisa ni Acheron le permitieran regresar a un área poblada donde pudiera interactuar con un gran grupo de personas.
Eran él y Alaska para la eternidad. Todo lo que podía esperar era una masiva explosión demográfica, pero dada la severidad del clima, eso era tan probable como que a él lo destinaran a Hawai.
Con ese pensamiento, sacó del bolso su ropa para la nieve y empezó a ponérsela. Sería temprano en la mañana, cuando llegaran y aún estaría oscuro, pero el amanecer no estaría muy lejos. Tendría que apresurarse para llegar a su cabaña antes de la salida del sol.
Para cuando se había frotado vaselina sobre su piel y se había puesto sus calzoncillos largos, un suéter negro con cuello de tortuga, el abrigo largo de buey almizclero y las aislantes botas de invierno, ya podía sentir descender al helicóptero.
En un impulso, Nick repasó rápidamente las armas en su bolso. Había aprendido hacía mucho tiempo a llevar un gran surtido de herramientas. Alaska era un lugar rudo para estar por cuenta propia y nunca sabías cuándo te ibas a encontrar con algo mortífero.
Siglos atrás, Nick había tomado la decisión de ser la cosa más mortífera en la tundra.
Tan pronto como aterrizaron, Mike cortó el motor y esperó a que las aspas dejaran de dar vueltas antes de salir, maldiciendo por la temperatura bajo cero, y abrió la puerta trasera. Mike hizo un repugnante gesto de desprecio mientras se hacía para atrás para darle el espacio suficiente a Nick para desocupar el helicóptero.
-Bienvenido a casa -dijo Mike con una nota de veneno en la voz. El estúpido estaba disfrutando con el pensamiento de que los Escuderos le siguieran la pista y lo desmembraran.
Bueno, también Nick.
Mike sopló sus manos enguantadas. -Espero que todo esté como lo recuerdes.
Lo estaba. Aquí, ninguna cosa cambiaba nunca.
Nick se sobresaltó ante el brillo de la nieve aún en la oscuridad del pre-amanecer. Se bajó los lentes sobre los ojos para protegerlos y saltó afuera. Agarró su bolso, lo lanzó sobre el hombro, luego se abrió camino a través de la nieve hacia el cobertizo climatizado en donde, la semana anterior, había dejado su Ski Doo MX Z Rev, hecha a medida.
Oh, sí, ésta era la temperatura por debajo de congelación que recordaba, el aire ártico que mordía tan ferozmente. Cada pedazo de su piel expuesta ardía. Apretó sus dientes para evitar que castañearan, algo no muy agradable cuando un hombre tenía colmillos largos y filosos en lugar de dientes.
Bienvenido a casa...
Mike se dirigía hacia la cabina del piloto cuando Nick se dio vuelta para mirarlo.
-Oye, Mike -lo llamó, su voz sonó a través de la fría quietud.
Mike se detuvo.
-Rumpelstiltskin -dijo antes de lanzar una granada debajo del helicóptero.
Mike dejó escapar una apestosa maldición mientras corría a través de la nieve tan rápido como podía, tratando de alcanzar algún refugio.
Por primera vez en un largo rato, Nick sonrió al ver al Escudero enojado y el sonido de la nieve crujiendo ruidosamente bajo los apurados pasos de Mike.
El helicóptero explotó en el mismo instante que Nick alcanzaba su vehículo de nieve. Pasó una larga pierna vestida en cuero sobre el asiento negro y miró hacia atrás para ver cómo los pedazos de metal, del helicóptero Sikorsky de veintitrés millones de dólares, llovían sobre la nieve.
Ahh, fuegos artificiales. Cómo le gustaban. La vista era casi tan bella como la aurora boreal.
Mike todavía estaba maldiciendo y dando saltos, como un niño enojado, mientras miraba su juguete hecho a medida arder en llamas.
Nick echó a andar el motor y condujo hacia Mike, pero no antes de dejar caer otra granada para reventar el cobertizo, impidiendo de esa forma que el Escudero la usara.
Mientras el vehículo de nieve vibraba bajo él, se bajó la bufanda lo suficiente a fin de que Mike le pudiera entender cuándo le hablara. -El pueblo está a unos seis kilómetros por ese camino -dijo, señalando hacia el sur. Le lanzó a Mike un tubito de vaselina. -Mantén los labios cubiertos para que no sangren.
-Debería haberte matado -Mike gruñó.
-Sí, deberías haberlo hecho -. Nick se cubrió la cara, y aceleró al máximo el motor. -Ya que estamos, si das con lobos en el bosque, recuerda, realmente son lobos y no Were-Hunters al acecho. Ellos viajan en jaurías así que si escuchas a uno, hay más detrás de él. Mi mejor consejo para eso es escalar un árbol y esperar que se aburran antes de que un oso venga y decida subir tras de ti.
Nick hizo girar su máquina y se dirigió hacia el nordeste donde su cabaña lo esperaba en el medio de ciento veinte hectáreas de bosque.
Probablemente debería sentirse culpable por lo que le había hecho a Mike, pero no lo hacía. El Escudero sólo había aprendido una valiosa lección. La próxima vez que Artemisa o Dionisio le hicieran una oferta, él la tomaría.
Nick rotó su muñeca, dando al vehículo de nieve más potencia mientras corcoveaba sobre el escabroso camino nevado. Aún tenía un largo camino a casa y su tiempo se acababa.
El amanecer ya llegaba.
Maldición. Debería haber llevado a su Mach Z. Era lustrosa y más rápida que el MX Z Rev en que estaba ahora, pero mucho menos divertida.
Nick tenía frío, estaba hambriento, y cansado, y en una forma extraña todo lo que quería hacer era regresar a las cosas que le eran familiares.
Si los otros Escuderos querían cazarlo, entonces que así fuese. Al menos de esta manera él estaba prevenido.
Y como el helicóptero y el cobertizo lo demostraron, él ya estaba preparado de antemano.
Si querían enfrentarlo, entonces les deseaba suerte. Iban a necesitarla y también un montón de refuerzos.
Esperando con ilusión el desafío, hizo volar su máquina sobre el terreno congelado.
Faltaba poco para el amanecer cuando llegó a su aislada cabaña. Más nieve había caído bloqueando su puerta, mientras había estado ausente. Deslizó el vehículo de nieve en un cobertizo pequeño que estaba pegado a su cabaña y la cubrió con una lona impermeable. Mientras enchufaba la calefacción para el motor, se percató que no había suficiente poder en la conexión ni para la MX ni la Mach que estaba estacionada al lado. Gruñó enojado. Maldición. Sin duda el motor del Mach se había quebrado por las temperaturas bajo cero, y si no tenía cuidado el motor de la MX también se quebraría.
Nick se apresuró a salir y comprobar los generadores antes de que el sol se levantara sobre las colinas, sólo para encontrar a ambos congelados y sin funcionar.
Gruñó otra vez mientras golpeaba uno con el puño.
Bien, eso en cuanto a comodidad. Parecía que hoy iban a ser él y la pequeña estufa a leña. No era la mejor fuente de calor, pero era lo mejor que iba a obtener.
-Genial, simplemente genial -masculló. No era la primera vez que se había visto forzado a tolerar dormir con frío, en el piso de la cabaña. Sin duda no sería la última vez.
Sólo parecía peor esta mañana porque había pasado la última semana en el clima templado de Nueva Orleáns. Había estado tan cálido cuando estuvo allí que ni siquiera había necesitado usar la calefacción.
Hombre, cómo extrañaba ese lugar.
Sabiendo que su tiempo antes de la salida del sol era críticamente pequeño, regresó con paso pesado a su vehículo de nieve y envolvió el motor con su parka, para ayudar a mantener el calor, tanto como pudiera. Luego rescató su bolso del asiento y fue a excavar frente a su puerta a fin de poder entrar en su cabaña.
Se agachó rápidamente mientras atravesaba la puerta y mantuvo la cabeza inclinada. El cielo raso era bajo, tan bajo, que si se paraba derecho, la parte superior de la cabeza lo rozaría, y si no estaba prestando atención, el ventilador de techo, en medio del cuarto, le decapitaría.
Pero el cielo raso bajo era necesario. El calor en el corazón del invierno era una comodidad valiosa y lo último que cualquiera querría era que se dispersara bajo un cielo raso de 3 metros. Un cielo raso más bajo significaba un lugar más caliente.
Sin mencionar que novecientos años atrás cuando había sido desterrado aquí, no había tenido mucho tiempo para construir su refugio. Pasando la noche en una caverna durante la luz del día, había trabajado en la cabaña durante la noche hasta que finalmente había construido Hogar Asqueroso Hogar[6] .
Sí, era bueno estar de regreso.
Nick dejó caer su bolsa de lona al lado de la estufa a leña. Luego se volvió y colocó el antiguo pestillo de madera dentro del hueco sobre la puerta para atrancarla, y así mantener alejada a la fauna silvestre de Alaska que algunas veces se aventuraba demasiado cerca de su cabaña.
Andando a tientas a lo largo de la pared, tallada con sus manos, encontró la linterna que pendía allí y la pequeña caja de fósforos Lucifer que estaba sujeta a ella. Si bien su vista de Cazador Oscuro estaba diseñada para la noche, no podía ver en la oscuridad total. Con la puerta cerrada, su cabaña estaba sellada tan ajustadamente que ninguna luz en absoluto podía penetrar las gruesas paredes de madera.
Una vez encendida la linterna, tembló de frío en tanto se daba vuelta para mirar el interior de su casa. Conocía cada centímetro del lugar íntimamente. Cada estante de libros que revestía las paredes, cada muesca tallada que la decoraba.
Él nunca había tenido muchos muebles. Dos alacenas altas; una para su puñado de ropas y otra para su comida. Había también una mesita para el televisor y los estantes de libros, y eso era todo. Como un ex-esclavo romano, Nick no estaba acostumbrado a mucho.
Estaba tan frío adentro que podía ver su respiración a través de la bufanda y cuando miró alrededor del estrecho lugar, hizo una mueca a su computadora y el televisor, los cuales tendrían que descongelarse antes de poder usarlos.
Con tal que la humedad no los hubiera alcanzado.
Reacio a preocuparse por eso, se dirigió a la despensa de comida en la parte trasera donde no había más que productos enlatados. Había aprendido hacia mucho tiempo que si los osos y los lobos olían comida, rápidamente le harían una visita no deseada. No tenía ganas de matarlos sólo porque estaban hambrientos y eran estúpidos.
Nick agarró una lata de carne de cerdo con frijoles y su abrelatas, y se sentó en el piso. Mike se había rehusado a alimentarlo durante el viaje de trece horas de Nueva Orleáns a Fairbanks. Mike había afirmado que no quería arriesgarse a exponer a Nick a la luz del sol para alimentarlo.
En realidad, el Escudero era un idiota, y el hambre no era algo nuevo para Nick.
-Ah, grandioso -masculló cuando abrió la lata y encontró los frijoles sólidamente congelados adentro. Consideró en sacar el pica hielo, pero cambió de idea. No estaba tan hambriento para que un helado de carne de cerdo y frijoles le atrajera.
Suspiró con repugnancia, luego abrió la puerta y lanzó la lata tan lejos en el bosque como pudo.
Cerrando de un golpe la puerta antes de que la luz del amanecer se filtrara, Nick buscó en su bolsa hasta que encontró su teléfono celular, el reproductor de MP3, y la laptop. Colocó el teléfono y el reproductor en sus pantalones a fin de que el calor del cuerpo evitara que se congelaran. Luego dejó a un lado su laptop hasta que pudiera encender la estufa a leña.
Fue a la esquina frente a la estufa y agarró un manojo de figurillas de madera talladas, que había amontonado allí y las colocó adentro de la estufa.
Tan pronto como abrió la pequeña puerta de hierro, hizo una pausa.
Había un visón diminuto en el interior con tres recién nacidos. La madre, enojada al ser perturbada, siseó una advertencia para él mientras se miraban a los ojos.
Nick siseó en respuesta.
-Hombre, no creo esto -refunfuñó Nick coléricamente.
El visón debía haber entrado por el tubo de la estufa y haberse mudado cuando él se había ido. Probablemente habría estado todavía cálida cuando la encontró y la estufa era un lugar extremadamente seguro como cubil.
-Lo mínimo que podrías haber hecho era traer unos cincuenta de tus amigos contigo. Y así yo podría usar un abrigo nuevo.
Ella le mostró sus dientes.
Nick exasperado, cerró la puerta y devolvió el montón a la esquina. Era un imbécil, pero ni siquiera él los echaría. Siendo inmortal, sobreviviría el frío. La madre y las crías no lo harían.
Recogió su laptop y la colocó dentro de su abrigo cerrado para conservarla caliente y se fue a la esquina lejana donde estaba su jergón. Mientras se acostaba, pensó en irse a dormir bajo tierra en donde estaba más caliente, pero entonces, ¿Para qué molestarse?
Tendría que mover la estufa para alcanzar su sótano escondido y eso sólo contrariaría a la mamá visón otra vez.
En esta época del año la luz del día era corta. Sólo serían unas cuantas horas más hasta la puesta de sol, y él estaba más que acostumbrado a su páramo congelado.
Tan pronto como pudiera, iría al pueblo a comprar suministros y un generador nuevo. Jalando las colchas y las pieles sobre él, exhaló un suspiro largo y cansado.
Nick cerró los ojos y dejó que su mente vagara sobre los acontecimientos de la semana pasada.
-Gracias, Nick.
Él rechinó los dientes mientras recordaba la cara de Sunshine Runningwolf. Sus grandes ojos café oscuros eran increíblemente seductores y ella estaba muy lejos del tipo de modelo flaca que la mayoría de los hombres preferían; tenía un cuerpo exuberante, curvilíneo que lo había puesto duro con sólo estar cerca de ella.
Hombre, debería haber tomado un mordisco de su cuello cuando había tenido la oportunidad. Todavía no estaba seguro por qué no había saboreado su sangre. Sin duda lo habría mantenido caliente, aún ahora.
Oh, pues bien. Debía apuntarlo como otro arrepentimiento, total él tenía una lista infinita de ellos.
Sus pensamientos regresaron a ella...
Sunshine había aparecido inesperadamente en su casa de Nueva Orleáns mientras había estado esperando que Liam lo llevara al sitio de aterrizaje para irse.
Su pelo negro estaba trenzado y sus ojos café habían mostrado una amistad que nunca antes había visto cuando alguien lo miraba.
-No puedo quedarme por mucho tiempo. No quiero que Talon se despierte y encuentre que me he ido, pero antes de que te vayas debía agradecerte lo que hiciste por nosotros.
Él todavía no sabía por qué los había ayudado a ella y a Talon. Por qué había desafiado a Dionisio y había peleado contra el dios cuando éste había tratado de destruirlos a ambos.
Por su felicidad, se había consignado a sí mismo a morir.
Pero mientras la miraba ayer, había parecido que, en cierta forma, había valido la pena.
Y mientras dejaba que el sueño lo alcanzara, se preguntaba si todavía pensaría que valió la pena cuando los Escuderos encontraran su cabaña y la quemaran hasta los cimientos con él en su interior..
Resopló ante el pensamiento. ¿Qué diablos? Al menos estaría caliente unos pocos minutos antes de morir.
Nick no estaba seguro cuánto tiempo había dormido. Cuando se despertó, estaba oscuro otra vez.
Esperaba que no hubiera sido por mucho tiempo ya que su vehículo de nieve corría la posibilidad de congelarse. Si lo hacía, entonces sería una fría y larga caminata al pueblo.
Se dio vuelta y arrugó la cara de dolor. Había estado descansando sobre su laptop. Sin mencionar el teléfono y reproductor de MP3 que estaban mordiendo algo mucho más incómodo.
Temblando en contra del frío glacial, se obligó a sí mismo a levantarse y agarrar otra parka de su armario. Una vez que estuvo vestido para el clima, salió a su garaje provisional. Puso la laptop, el teléfono, y reproductor de MP3 en su mochila y la lanzó sobre sus hombros, luego montó el vehículo y desenvolvió el motor.
[1] Blood Rite: rito de sangre
[2] Parka: Abrigo o chaqueta con una capucha y por lo general un forro caliente para usar en lugares con muy bajas temperaturas.
[3] Iglaaq: en lengua esquimal, extranjero, viajero
[4] Were-Bears: son Were- Hunters que se transforman en osos.
[5] Were-Hunters: Cazadores capaces de cambiar de forma... ya los encontramos en Night Embrace. Vane y Fang.
[6] Hace referencia a Home Sweet Home: Hogar Dulce Hogar
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