''Abrazo Nocturno'' cap 17 parte 1 (parte dos en coemntarios)
Capítulo 17
__________ no estaba segura de qué hacer con Acheron mientras entraban en su loft. Él era delgado y monstruosamente alto, y esos ojos suyos...
Ella tembló.
Algo sobre ellos lo hacía parecer como que podía ver directamente a través de ella. Como que podía oír cada pensamiento que ella tenía.
Ella dejó caer su mochila al lado del sillón y lo miró dar una vuelta alrededor de su loft, como si se asegurara que nadie estaba ahí, y aún así ella sintió que era más hábito que una verdadera necesidad de tener que verificar si estaban solos.
Él tenía una gracia mortal al contonearse. Largos pasos de depredador. Había algo intrínsecamente sexual en Acheron. Algo apremiante, seductor. Sólo de estar cerca de él la hacía querer extender la mano y tocarlo. Era como si él exudara poderosas ferononas, y al mismo tiempo, la asustaba. Él era un letal, hermoso animal que la parte salvaje de una tenía deseos de abrazar, aún cuando la otra parte de una sabía que era probable que él te arrancase el brazo cuando te devolviera el abrazo. Él era magnético y feroz y la hacía querer escapar por la puerta.
Cuando él habló, el sonido poderoso de su voz la hizo saltar, pero lo que más la sacudió fue lo erótica que era su voz. Era tan profunda que retumbaba y cada sílaba que decía mandaba escalofríos por su columna como una caricia seductora. Ella nunca había estado cerca de nadie cuyo cuerpo completo y su carácter parecieran haber sido hechos sin ningún otro objetivo que atraer sexualmente a las mujeres.
Muchacho, eso siempre funciona.
-Tu hermano, Storm, está abajo, limpiando. Podrías querer hacerlo pasar la noche contigo.
-¿Cómo sabes que Storm está abajo?
-Sólo lo sé.
Ella frunció el ceño. Él era hasta más misterioso que su abuela.
-¿Por qué no te quedas?
-¿Quieres que lo haga?
No, no realmente. Pero ella no quería ofenderlo.
-Probablemente tienes cosas que necesitas hacer.
Él le dirigió una sonrisa hermética que parecía indicar que había oído su respuesta verdadera.
-Entonces, buenas noches, __________.
Él comenzó a enfilar hacia la puerta.
-Acheron, espera. -Él hizo una pausa y la miró-.¿Estoy haciendo lo correcto dejando ir a Nick? -preguntó ella-.¿Tú lo necesitas, verdad?
Sus ojos de mercurio la chamuscaron.
-Pienso que tienes que escuchar lo que tu abuela te dijo, __________. Sigue a tu corazón.
-¿Cómo sabías sobre eso?
Él le brindó un asomo de sonrisa.
-Sé muchas de cosas.
Era un hombre muy espeluznante. Ella se preguntó si él sería un miembro perdido de la familia Addams. Acheron se dio vuelta y salió por su puerta.
__________ se quedó allí parada durante varios minutos, debatiendo qué debería hacer con Nick.
Pero al final, ella sabía lo que su corazón exigía que hiciese...
Ella le había preguntado a Psique si era posible convocar a una diosa. No estaba segura si Psique había sido honesta, pero había sólo un modo de averiguarlo.
-Artemisa -dijo en voz alta-. Te convoco en tu forma humana.
Nada pasó.
No hubo ningún sonido, ningún gran destello de luz.
Nada.
Deprimida, ella se dirigió a su dormitorio.
-¿Quién eres tu? ¿Y por qué me has llamado?
Ella se congeló ante el sonido de la irritada, fuertemente acentuada, voz detrás de ella.
Al girar, vio a una mujer increíblemente alta, hermosa, que se apoyaba en su sofá. Artemisa tenía un largo y rizado cabello castaño que rodeaba una cara angelical y vibrantes ojos verdes que no parecían felices de estar aquí. La diosa estaba vestida con un vestido largo, blanco parecido a una vaina y estaba con las manos sobre sus caderas.
-¿Eres Artemisa?
-A ver, déjame pensar. ¿Llamaste a Artemisa o a Peter Pan?
Bien, Artemisa definitivamente no era una persona amable. Ella daba un completo nuevo significado a la palabra irritable.
-Llamé a Artemisa.
-Entonces ya que no estoy vestida de verde y tengo el cuerpo de una mujer y no de algún muchacho pre-adolescente, supongo que debo ser ella.
-¿Siempre eres así de irritable?
-¿Tú siempre eres así de estúpida?. -Ella cruzó sus brazos sobre su pecho y le dirigió a __________ una mirada fulminante-. Mira, pequeña humana, no tengo nada de paciencia para ti. Tú no eres una de mis sujetos y ese medallón alrededor de tu cuello me ofende enormemente. Tan solo dime que quieres, entonces puedo decirte que te vayas a la mierda.
Eso no pintaba nada bien. La señora-jefe de Nick era una perra de temer.
-Quiero preguntarte si yo podría recuperar el alma de Nick de ti.
Ella ladeó su cabeza ante la pregunta.
-¿Quieres decir Nick de los Morrigantes? ¿El jefe celta que le saqué a Morrigan?
-Sí.
-No.
-¿No? -preguntó incrédula __________.
-¿Hay ahí un eco? No, humana, su alma me pertenece y no puedes tenerla.
-¿Por qué no?
-Porque yo lo digo.
__________ estaba horrorizada. Y furiosa con ella también. Artemisa nunca sería votada Miss Simpatía. La diosa necesitaba algunos seminarios de relaciones personales.
-¿Bien, entonces eso lo hace oficial, verdad?
Artemisa arqueó una ceja arrogante.
-¿Pequeña muchacha, tienes alguna idea de con quién o qué estás tratando?
__________ suspiró y rezó para tener paciencia. Ella no podía permitirse perder la compostura con la persona que poseía el alma de Nick. No si ella lo quería de regreso.
Sin mencionar el pequeño detalle que como era una diosa, Artemisa probablemente podría desear verla muerta si ella la hacía enojar lo suficiente.
-Lo sé, Artemisa. Lo siento. No pensaba ofenderte. Estoy enamorada de Nick y quiero que tengamos un futuro juntos. Yo haría cualquier cosa para mantenerlo conmigo. ¿Puedes o no entender eso?
La cara de Artemisa se ablandó un grado, como si ella pudiera identificarse.
-Sí, entiendo.
-Entonces puedo...
-La respuesta todavía es no.
-¿Por qué?
-Por que nada en este mundo jamás es gratis. Si quieres su alma de vuelta tienes que ganarla o pagar por ella.
-¿Cómo?
Artemisa se encogió de hombros.
-Tú no puedes. Tú no tienes nada que quiera o valore, por lo tanto no tienes nada para negociar.
-¿Ah, vamos, es en serio?
-Terriblemente. Artemisa destelló en vapor y desapareció.
¡Ajjj! __________ quería estrangular a la mujer. ¿Cómo podía ser tan egoísta?
-¡Artemisa! -gritó antes de poder detenerse-. ¡Realmente eres una mierda!
Cerrando sus ojos, __________ suspiró. ¿Qué debía hacer ahora? No había ninguna manera que la vaca egoísta dejara ir el alma de Nick alguna vez.
¿Qué iban a hacer?
Amanda Devereaux-Hunter se despertó a las siete treinta de la mañana. Ella echó distraídamente un vistazo al reloj y cerró sus ojos, luego se sacudió mientras caía en la cuenta de la hora.
Eran las siete treinta de la mañana y su pequeña hija, Marissa, no había despertado para que la alimentara a las cinco. No muy nerviosa, pero definitivamente preocupada por su bebé, se levantó y fue al cuarto de los niños en la habitación al lado de la suya.
Mientras se acercaba a la cuna, su corazón se paró.
Estaba vacía.
De sólo tres semanas de vida, no había ninguna posibilidad que Marissa se hubiese levantado y se hubiera alejado.
¡Oh Dios, era Desiderius!
¡Él había vuelto por ellos!
El terror la atrapó con la idea. Después de que ella y Kyrian habían derrotado a aquel monstruo, ella había tenido pesadillas que se repetían de él volviendo de entre los muertos para vengarse de ellos.
-¡Kyrian!
Ella corrió de nuevo a la cama y despertó a su marido.
-¿Qué pasa? -preguntó él gruñonamente.
-Es Marissa. Se fue.
Kyrian se sentó, ahora totalmente despierto.
-¿Se fue adónde?
-Ella no está en su cuna. No sé dónde está.
Él saltó de la cama y agarró sus pantalones del piso. Sin esperar a Kyrian, Amanda corrió por el piso de arriba, su corazón palpitando.
¿Dónde podría estar su bebé?
La idea de perder a su hija era la peor de las pesadillas.
Ella se precipitó escaleras abajo para ver si la puerta de calle estaba abierta. Si tal vez alguien hubiera entrado y la hubiera tomado.
Al entrar en la sala de estar, Amanda se quedó paralizada. Conmocionada hasta lo más profundo, ella fijó su mirada en la imagen más increíble que alguna vez hubiera contemplado.
Acheron yacía sobre el sofá de cuero con Marissa abrazada plácidamente sobre la cima de su musculoso pecho, bajo su barbilla.
Un paquete de pañales estaba sobre la mesa ratona con un biberón de fórmula vacío.
El alivio y la incredulidad la inundaron simultáneamente.
Cuando había conocido a Acheron hacía poco más de un año, él había sido la cosa más aterradora que ella alguna vez hubiera visto. Un hombre imbuido de increíbles poderes y contradicciones, ella no tenía duda que él podría desear olvidarse de todos ellos y ahora ahí estaba, con su pequeña hija acunada tiernamente en sus manos enormes.
-Es algo... -La voz de Kyrian se calmó cuando, también, los vio.
Ella alzó la vista sobre su hombro.
-Yo no sabía que a Ash le gustaran los bebés.
-Ni yo. Por la manera incómoda en la que ha estado comportándose con Marissa en casa, asumí que no le gustaban.
Kyrian tenía razón. Ash no había hecho otra cosa que evitar estar cerca de Marissa tanto como le fuera posible. Siempre que ella gritaba, él en realidad se deslizaba y hacía una salida precipitada. Amanda nunca hubiera adivinado que en realidad le gustaba su hija.
Cruzando el cuarto, ella se acercó a la bebé.
Ash se despertó con una mirada tan salvaje y feroz que ella se alejó con un jadeo audible. Él se sentó sobre el sofá, pero no se movió más. Él parpadeó mientras miraba a Kyrian y a ella.
-Lo lamento -susurró Ash-. No me di cuenta que eras tú.
-Yo solamente iba a tomarla en brazos.
Él echó un vistazo hacia abajo, a Marissa quien todavía dormía dentro del refugio de sus manos.
-Ah. Debo haberme dormido mientras la hacía eructar.
Él se la dio a Amanda y el modo en que lo hizo le dijo mucho. Acheron tenía una pericia que decía que había manejado a un bebé más que sólo unas veces.
-Espero no haberte asustado -dijo él excusándose-. Ella estaba llorando cuando entré y fui arriba a asegurarme que estaba bien. -Él lucía extrañamente pálido, como si los gritos de bebé fueran de algún modo dolorosos para él-. Ya que los dos todavía dormían la levanté, pensé, chicos, que les daría un descanso.
Amanda se inclinó y lo besó en la mejilla.
-Eres un buen hombre, Ash. Gracias.
Una mirada llena de dolor cruzó su cara mientras se alejaba de ella. Él se levantó del sillón y recogió su mochila del piso.
-Me iré a la cama.
Kyrian lo detuvo cuando entró en el vestíbulo.
-¿Estás bien, Acheron? Pareces un poco conmovido.
Ash se rió de eso.
-¿Cuándo alguna vez he estado conmovido?
-Buen punto.
Él palmeó a Kyrian en el hombro.
-Sólo estoy cansado.
-Sí, yo me preguntaba dónde estuviste ayer. Nunca volviste a dormir.
-Tenía algo de qué ocuparme. Algo que no podía esperar.
Amanda suspiró.
-Sabes, Ash, un día vas a tener que aprender a confiar en alguien.
-Buenas noches, Amanda -dijo Ash.
Él inclinó su cabeza a Kyrian y se dirigió a la escalera.
Amanda se unió a su marido cuando Acheron desapareció arriba.
-No puedo creer que lo conozcas desde hace dos mil cien años y que sepas tan poco sobre él, que hasta no puedes decirme su verdadero color de cabello.
Él se encogió.
-Ash es tan autónomo y controlado que dudo si alguien alguna vez sabrá algo más que su nombre.
__________ yacía en su cama muy avanzada la mañana, recordando el profundo, parejo sonido de la respiración de Nick mientras dormía. Recordaba cómo le gustaba mantener su rodilla acurrucada alta entre sus muslos, su brazo cubriendo posesivamente su pecho con su mano izquierda enterrada en su cabello.
Como lo echaba de menos.
Entonces, sus pensamientos fueron a la deriva hacia el pasado. Lejos en su otra vida...
-No vayas, Nick. Hay algo malo en esto. Lo sé.
Enfadado, él había tirado de su brazo para liberarlo de su asimiento.
-Ellos asesinaron a mi tío, Nynia. Lo destrozaron ante mis propios ojos. No descansaré hasta que me haya vengado.
Como Nynia, ella también había tenido miedo de perderlo por presionar de esa manera. Ella siempre lo retrasaría en todas las cosas. Él era su marido. Pero en su corazón, ella sabía que él estaba a punto de poner en marcha asuntos que nunca se había imaginado.
Y ella había tenido razón.
Tal como sabía de algún modo que esa noche pondría todo en marcha de una u otra manera.
¿Y si perdía a Nick?
Ella no podía pensar más en eso, no podía pensar en llevar adelante su vida sin él.
Ella echó un vistazo alrededor de su loft, a todas las cosas familiares. Desde el día en que se había divorciado de Jerry, todo que ella había querido era su carrera, su arte.
Ahora, sola con sus cosas, éstas no parecían demasiado importantes para ella.
Su arte no la abrazaba por la noche. No la hacía reír o seducía. No hacía que su cuerpo ardiese con el deseo o temblara con los orgasmos.
No le pegaba a Jerry en la nariz por ser un idiota.
Sólo Nick lo hacía.
Sólo Nick podría hacerlo.
Su mirada se detuvo en el dispensador de Snoopy mientras las lágrimas fluían.
-No puedo dejarlo ir.
Si sólo supiera como conservarlo.
Zarek se sentó en la esquina oscurecida de la sala de estar, escuchando que afuera, la ciudad estaba despertando. Él debería estar durmiendo, descansando para la noche que iba a venir, pero parecía que no podía encontrar la paz que necesitaba.
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