Capítulo 3
___________ estaba sentada en el borde de la cama mientras comprobaba las heridas de su "invitado". Hacía cuatro días que él yacía inconsciente en su cama, mientras ella velaba por él.
Los apretados músculos bajo sus manos eran firmes y fuertes, pero no los podía ver.
Ella no lo podía ver.
Perdía su vista cuando era enviada a juzgar a alguien. Los ojos podían engañar. Juzgaban las cosas muy diferente de los otros sentidos.
___________ siempre debía ser imparcial si bien por el momento no se sentía verdaderamente así.
¿Cuántas veces había ido con el corazón abierto sólo para ser engañada?
El peor caso había sido Miles. Un Cazador Oscuro descarriado, había sido encantador y divertido. La había deslumbrado con su vivacidad y su habilidad para hacer de todo un juego. Cada vez que había tratado de empujarlo a sus límites, él había tomado a risa sus pruebas y había demostrado ser bueno para todo.
Él había parecido el hombre perfecto, equilibrado.
Por un tiempo, se había imaginado enamorada de él.
Al final, había tratado de matarla. Había sido completamente amoral y cruel. Frío. Insensible. La única persona que podía amar era a sí mismo, y aunque que no era nada más que escoria, en su mente, él había sido calumniado por el género humano, así que estaba bien que hiciera lo que quisiera con ellos.
Y ese era el problema más grande de ___________ con los Cazadores Oscuros. Ellos eran humanos que usualmente eran reclutados de las cloacas. Azotados por los otros desde el nacimiento hasta la muerte, eran hostiles con el mundo. Artemisa nunca tomó eso en consideración cuándo los convirtió. Todo lo que quería era un soldado bajo las órdenes de Acheron. Una vez que eran creados, Artemisa se lavaba las manos y los dejaba para que otros los monitorearan y mantuvieran.
Al menos hasta que cruzaban cualquier línea que Artemisa hubiese trazado. Entonces la diosa se apuraba para que fueran juzgados y ajusticiados, y aunque no lo pudiera probar, ___________ sospechaba que Artemisa sólo seguía el protocolo para evitar que Acheron se enojara con ella.
Así que ___________ había sido llamada múltiples veces durante los siglos para encontrar alguna razón que les permitiera a los Cazadores Oscuro vivir.
Ella nunca la encontró. Ni siquiera una vez. Cada vez que había juzgado habían sido peligrosos y toscos. Una amenaza que amenazaba a la humanidad más que los Daimons que perseguían.
La justicia del Olimpo no operaba como la justicia humana. No había suposición de inocencia. En el Olimpo, una vez que se era inculpado, el acusado debía probar que era digno de compasión.
Nadie alguna vez la tuvo.
El que más cerca había estado alguna vez a la clemencia de ___________, había sido Miles, y mira cómo había resultado. La aterrorizaba pensar qué tan cerca había estado de juzgarle inocente y luego dejarlo suelto otra vez en el mundo.
Esa experiencia había colmado la medida para ella. Desde entonces, se había separado de todo el mundo.
No dejaría que la belleza de un hombre o el encanto la hechizaran otra vez. Su trabajo ahora era llegar al corazón de este hombre que estaba en su cama.
Artemisa había dicho que Nick no tenía corazón en absoluto. Acheron no había dicho nada. Sólo le había echado una mirada penetrante que decía que él dependía de ella para hacer lo correcto.
¿Pero qué era correcto?
-Despiértate, Nick -murmuró ella. -Sólo te quedan diez días para salvarte.
Nick se despertó con un dolor que era indescriptible, lo que dado sus antecedentes brutales como chivo expiatorio y esclavo era difícil de creer. Especialmente desde que siendo un ser humano el dolor había sido la única certeza en su vida.
Su cabeza le latía, cambió de posición, esperando sentir nieve fría y tierra debajo de él. En lugar de eso, estaba encendido de tanto calor que sentía.
Estoy muerto, pensó sardónicamente.
Ni siquiera sus sueños, lo habían hecho sentir alguna vez así de caliente.
Aún mientras parpadeaba abriendo los, atisbó un fuego ardiendo en una chimenea y una montaña de mantas sobre él, se percató que estaba muy vivo y acostado en el dormitorio de alguna persona.
Miró alrededor del cuarto, el cual estaba decorado en tonos tierra: rosados pálidos, tostados, marrones, y verde oscuro. Las paredes de la cabaña de troncos eran de calidad superior, lo que denotaba que alguien quería la apariencia de una cabaña rústica, pero que tenía bastante dinero para asegurarse que estuviera adecuadamente resguardada del frío y que fuese acogedora, y no tuviera corrientes de aire.
Su cama era una cara reproducción de hierro de las camas grandes del fin del siglo diecinueve. A su izquierda había una mesa de luz pequeña donde había una jarra y una jofaina pasadas de moda.
Quienquiera que poseía este lugar estaba cargado.
Nick odiaba a las personas adineradas.
-¿Sasha?
Nick frunció el ceño ante la voz suave y melódica. La voz de una mujer. Ella estaba en el vestíbulo, en otro cuarto, pero él realmente no podía precisar su posición a través del dolor en su cráneo.
Escuchó un suave quejido canino.
-Oh, deja eso -la mujer regañó con un tierno tono. -Realmente no quería lastimar tus sentimientos, ¿Lo hice?
El ceño fruncido de Nick se hizo más profundo mientras trataba de poner sentido a lo que había ocurrido. Jess y los demás le estaban cazando y recordaba haberse derrumbado delante de una casa.
Alguien de la casa debía haberlo encontrado y arrastrado adentro, aunque no podía imaginar por qué alguien se había tomado la molestia.
No es que tuviese importancia. Jess y Thanatos estarían tras él, y no necesitarían llevar a un científico espacial para saber en dónde estaba, especialmente con toda la sangre que había estado perdiendo mientras corría. Sin duda, había una huella dirigida directo a la puerta de esta cabaña.
Lo que significaba que debía salir de aquí lo antes posible. Jess no haría nada para lastimar a aquellos que lo hubieran ayudado, pero no se podía decir lo que Thanatos era capaz de hacer.
En su mente pasaron las imágenes de un pueblo ardiendo. La horrible vista de personas yaciendo muertas...
Nick se sobresaltó ante el recuerdo, preguntándose por que lo perseguía ahora.
Decidió, que era un recordatorio de lo que él era capaz, y un recordatorio del porque tenia que escaparse de aquí. No quería lastimar a nadie que hubiera sido amable con él.
No otra vez.
Obligándose a olvidar el dolor de su cuerpo, se sentó lentamente.
El perro, instantáneamente, entró corriendo en su cuarto.
Sólo que no era un perro, se percató mientras se detenía ante la cama y le gruñía. Era un gran lobo blanco americano. Uno que parecía odiarle.
-Aléjate, Scooby -él chasqueó. -Me he hecho botas de lobos más grandes y malos que tu.
El lobo dejó al descubierto sus dientes como si entendiera sus palabras y le desafiara a que lo probara.
-¿Sasha?
Nick se congeló cuando una mujer apareció en la puerta.
Maldición...
Ella era increíble. Su largo cabello rubio era del color de la miel, y caía en ondas suaves alrededor de sus delgados hombros. Su piel era pálida, con mejillas sonrosadas y labios que obviamente habían sido protegidos muy cuidadosamente, del clima rudo de Alaska. Medía cerca de un metro ochenta y vestía un suéter blanco tejido a mano y jeans.
Sus ojos eran de un azul muy pálido. Tan claros que a primera vista, eran casi incoloros. Y mientras entraba en el cuarto, con sus manos extendidas, avanzando lenta y metódicamente, tratando de localizar al lobo, él se dio cuenta de que estaba completamente ciega.
El lobo le ladró dos veces a él, luego se volvió y fue con su dueña.
-Ahí estas -murmuró ella, arrodillándose para acariciarlo. -No deberías ladrar, Sasha. Despertarás a nuestro invitado.
-Estoy despierto y estoy seguro que es por eso que está ladrando.
Ella volteó su cabeza hacia él como si tratara de verle. -Lo siento. No tenemos mucha compañía y Sasha tiende a ser un poco antisocial con desconocidos.
-Créeme, conozco el sentimiento.
Ella caminó hacia la cama, otra vez con su mano extendida. -¿Cómo te sientes? -preguntó, palmeando su hombro mientras lo localizaba.
Nick se encogió ante la sensación de su mano caliente en su carne. Era tierna. Ardiente. E hizo que una parte ajena a él doliese. Pero lo peor de todo, hizo que su ingle se endureciera. Fuertemente.
Nunca había podido aguantar a alguien tocándolo.
-Preferiría que no hicieras eso.
-¿Hacer qué? -preguntó.
-Tocarme.
Ella se echó para atrás lentamente y parpadeó metódicamente como si fuera más un hábito que un reflejo. -Veo al tacto -dijo ella suavemente. -Si no te toco, entonces estoy completamente ciega.
-Bien, todos tenemos problemas -. Se corrió al otro lado de la cama y se levantó. Estaba desnudo excepto por sus pantalones de cuero y unos pocos vendajes. Ella debía haberlo desvestido y curado sus heridas. Ese pensamiento lo hizo sentir un poco extraño. Nunca nadie se había tomado la molestia de cuidarlo cuando estaba herido.
¿Por qué lo haría ella?
Aún Acheron y Liam lo habían dejado por su cuenta después de que hubiera sido herido en Nueva Orleáns. Lo mejor que le ofrecieron fue llevarlo hasta su casa así él podía sanar en soledad.
Por supuesto, le podrían haber ofrecido más si hubiese sido un poco menos hostil con ellos, pero ser hostil era lo que mejor hacia.
Nick encontró sus ropas dobladas en una silla mecedora al lado de la ventana. A pesar de las dolorosas protestas de sus músculos, empezó a ponérselas encima. Sus poderes de Cazador Oscuro le habían permitido cicatrizar la mayoría de las heridas mientras dormía, pero no estaba en tan buen forma como debería haberlo estado si un Dream Hunter lo hubiera ayudado. A menudo iban con los Cazadores Oscuros heridos para sanarlos durante su sueño, pero no con Nick.
Los asustaba tanto como asustaba a todos los demás.
Entonces, había aprendido a tomar sus golpes y ocuparse del dolor. Lo cuál estaba bien para él. No le gustaban las personas, inmortales o de otro tipo, cerca suyo.
La vida era mejor estando solo.
Hizo una mueca cuando divisó el hueco en la parte de atrás de su camisa donde la explosión de la escopeta lo había golpeado.
Sip, la vida era definitivamente mejor estando solo. A diferencia de su "amigo" no podía pegarse un tiro en la espalda, aún si lo quisiera.
-¿Estás levantado? - preguntó la mujer desconocida, con voz asombrada. -¿Vistiéndote?
-No -dijo irritado. -Estoy meando tu alfombra. ¿Qué piensas que estoy haciendo?
-Soy ciega. Por lo que sé, realmente puedes estar meando mi alfombra, que sea dicho de paso es muy bonita, así que tengo la esperanza de que estés bromeando.
Sintió una extraña punzada de diversión en su contestación. Era rápida y lista. A él le gustaba eso.
Pero no tenía tiempo que perder. -Mira, señorita, no sé cómo me trajiste aquí dentro, pero lo aprecio. Sin embargo, tengo que emprender la marcha. Créeme, estarás muy arrepentida si no lo hiciera.
Ella se obligó a alejarse de la cama ante sus palabras hostiles y fue en ese momento que él se percató que lo había expresado con un gruñido.
-Hay una ventisca muy fuerte afuera -dijo ella, con voz menos amigable que antes. -Nadie va a ser capaz de salir a cualquier lado por un tiempo.
Nick no podía creerlo hasta que apartó las cortinas de la ventana. La nieve caía tan rápida y gruesa que parecía una densa pared blanca.
Maldijo por lo bajo. Entonces más fuerte preguntó, -¿por cuánto tiempo ha estado así?
-Las últimas horas.
Apretó los dientes en tanto se percataba que estaba atascado allí.
Con ella.
Esto no era realmente bueno, pero al menos evitaría que los demás estuvieran rastreándolo. Con suerte la nieve escondería sus huellas y sabía, de hecho, que Jess odiaba el frío.
Por lo que respectaba a Thanatos, bien, dado su nombre, su lenguaje, y su aspecto general, Nick daba por hecho que también era un mediterráneo antiguo, y eso le decía a Nick que todavía tenía una ventaja sobre los dos. Había aprendido hacía siglos, cómo moverse rápidamente sobre la nieve y qué peligros evitar.
¿Quién podría haber sabido que novecientos años en Alaska, realmente le convendrían algún día?
-¿Cómo puedes estar parado y moviéndote?
Su pregunta lo sobresaltó. -¿Perdón?
-Estabas gravemente herido cuando te traje hace unos días. ¿Cómo puedes estar moviéndote ahora?
-¿Unos días? -preguntó, estupefacto por sus palabras. Pasó las manos sobre su cara y sintió su barba gruesa. Mierda. Habían sido días. -¿Cuántos?
-Casi cinco.
Su corazón se aceleró. ¿Había estado aquí por cuatro días y no lo habían encontrado? ¿Cómo era eso posible?
Frunció el ceño. Algo acerca de esto no parecía estar bien.
-Pensé que sentí una herida de bala en tu espalda.
Ignorando el hueco abierto en la camisa, Nick se puso encima su camiseta negra. Estaba seguro que había sido Jess quien le había disparado. Las escopetas eran el arma preferida del vaquero. Su único consuelo era pensar que Jess estaría tan dolorido como él. A menos que Artemisa hubiera levantado su prohibición. Entonces el bastardo no sentiría nada más que satisfacción.
-No era una herida de bala -mintió. -Sólo me caí.
-Sin intención de ofenderte, pero tendrías que haber caído del Monte Everest para tener esas heridas.
-Sí, puede ser que la próxima vez recuerde llevar el equipo para escalar conmigo.
Ella lo miró con ceño. -¿Estás burlándote de mí?
-No -contestó honestamente. -Sólo que no quiero pensar en lo que sucedió.
___________ inclinó la cabeza asintiendo, mientras trataba de percibir más acerca de este hombre enojado, que parecía no poder hablar sin gruñirla. Despiértate, él esta muy lejos de ser agradable.
Había estado cerca de la muerte cuando Sasha lo había encontrado. Nadie debería ser golpeado y disparado en semejante forma, para luego ser dejado morir como él lo había sido.
¿Qué habían estado pensando los Escuderos?
Ella estaba asombrada que este Cazador Oscuro descarriado pudiera estar parado del todo aún después de cuatro días de descanso.
Semejante tratamiento era inhumano e impropio de esos que habían declarado bajo juramento proteger al género humano. Si un humano hubiera encontrado a Nick, entonces su cubierta se habría arruinado por la imprudencia de ellos, y los humanos se habrían enterado de su inmortalidad.
Era algo que tenía la intención de informarle a Acheron.
Pero eso vendría más tarde. Por ahora, Nick estaba levantado y en movimiento. Su vida inmortal o su muerte estaban completamente en sus manos y tenía la intención de probarlo con creces para ver simplemente qué tipo de hombre era.
¿Tenía algo de compasión dentro de él o estaba tan vacío como ella lo estaba?
Su trabajo era ser el epítome de las cosas que conducían a Nick hacia el enojo. Lo empujaría a su nivel de tolerancia y aún más allá para ver que hacía él.
Si podía controlarse con ella, entonces lo evaluaría inofensivo y cuerdo.
Si la zamarreaba con intención de lastimarla de alguna forma, entonces lo juzgaría culpable y moriría.
Que comiencen las pruebas...
Rápidamente examinó en su mente, lo poco que sabía de él. A Nick no le gustaba hablar con las personas. No le gustaban los ricos.
Sobre todo, aborrecía ser tocado o que le dieran órdenes.
Así es que resolvió presionar su primer botón con conversación despreocupada.
-¿De qué color es tu pelo? -preguntó. La pregunta aparentemente innocua trajo a su memoria, la forma en que lo había sentido bajo sus manos mientras le limpiaba la sangre.
Su pelo había sido suave, liso. Se había deslizado sensualmente por sus dedos, acariciándolos. De la percepción de eso, supo que no era demasiado corto o demasiado largo, probablemente caía sobre sus hombros cuando lo peinaba.
-¿Perdón? -sonó asombrado por su pregunta y por una vez no gruñó las palabras.
Tenía una bella voz. Rica y profunda. Resonaba con su acento griego, y cada vez que hablaba, enviaba un escalofrío extraño a través de ella. Nunca había oído a un hombre tener una voz tan innatamente masculina.
-Tu pelo -repitió ella. -Me preguntaba qué color es.
-¿Por qué te importa? -preguntó belicosamente.
Ella se encogió de hombros. -Sólo curiosidad. Paso mucho tiempo sola y aunque realmente no recuerdo los colores, trato de describirlos de cualquier manera. Mi hermana, Cloie, una vez me dio un libro que decía que cada color tenía una textura y una sensación. El rojo, por ejemplo, decía que era caliente y agitado.
Nick la miró ceñudamente. Ésta era una conversación extraña, pero bueno, él había pasado bastante tiempo solo para entender la necesidad de hablar cualquier cosa, con cualquiera que estuviese el suficiente tiempo como para tomarse la molestia. -Es negro.
-Lo pensé.
-¿Lo hiciste? -preguntó antes de poderse detener.
Ella inclinó la cabeza asintiendo mientras rodeaba la cama y se acercaba a él. Se paró tan cerca que sus cuerpos casi se tocaban. Sintió un extraño impulso por tocarla. Por ver si su piel era tan suave como parecía.
Dioses, ella era bella.
Su cuerpo era ágil y alto, sus pechos llenarían perfectamente sus manos. Había pasado un largo tiempo desde la última vez que había tenido sexo con una mujer. Una eternidad desde que hubiera estado así de cerca de una sin saborear su sangre.
Juraba que podía saborear la de ella ahora. Sentir su corazón latiendo contra sus labios mientras bebía y al mismo tiempo sentir que sus emociones y sentimientos se vertían en él, llenándolo con algo más que entumecimiento y dolor.
Si bien beber sangre humana estaba prohibido, era lo único que alguna vez le había dado placer. Lo único que enterraba el dolor dentro de él y le permitía experimentar esperanzas, sueños.
Lo único que le permitía sentirse humano.
Y él quería sentirse humano.
Quería sentirla a ella.
-Tu pelo es fresco y sedoso -dijo ella suavemente, -como terciopelo de medianoche.
Sus palabras hicieron que su erección se tensara de necesidad y deseo.
Fresco y sedoso.
Le hizo pensar en sus piernas deslizándose contra él. En la piel delicada, femenina que cubría sus caderas y muslos. La forma en que se sentirían contra sus piernas mientras penetraba en ella.
Su respiración se entrecortó, imaginó cómo sería deslizar esos descoloridos jeans apretados, por sus largas piernas y extenderlas completamente. Correr su mano a través de sus cortos, crespos pelos hasta tocarla íntimamente, acariciándola hasta que sus dulces jugos recubrieran sus dedos mientras ella murmuraba en su oído y se frotaba contra él.
Cómo sería acostarla en la cama, yacer detrás de ella y hundirse profundamente en su interior caliente y mojado hasta que ambos llegaran al clímax.
Sentir su boca en su cuerpo.
Sus manos tanteándolo.
Ella extendió la mano para tocarle.
Incapaz de moverse por la fuerza de su fantasía, Nick se quedó perfectamente quieto mientras ella colocaba su mano en su hombro. El olor de mujer, humo, y rosas lo invadió y sintió una necesidad desesperada de bajar la cabeza y enterrar su cara en su piel cremosa, y sólo inspirar su dulce perfume. Hundir los colmillos en su suave, tierno cuello y probar la fuerza vital dentro de ella.
Inconscientemente, abrió sus labios, descubriendo sus colmillos.
Su necesidad por ella era casi apabullante.
Pero ni de cerca tan exigente como el deseo de tocar su cuerpo.
-Eres más alto de lo que pensé que serías -. Ella siguió la curva de sus bíceps. Escalofríos lo recorrieron mientras se endurecía aún más.
La deseaba. Mal.
Muérdela.
Su lobo gruñó.
Nick lo ignoró mientras continuaba mirándola.
Sus asuntos con mujeres habían sido siempre breves y apresurados. Nunca había permitido a una mujer mirarlo a la cara o tocarlo mientras tenían relaciones sexuales.